18.10.09

Esa vez te ví pero a través del espejo. Tenías la espalda angosta y pálida. Se veía débil... y me dió una tristeza enorme. Porque se notaba débil. Y es que, carajo...

(No sabías que pensaba en eso, mi amor. Nunca sé hasta dónde hablar.)

No entendí por qué.

Con la espalda se hace un triángulo. No alcanzaba a verse el tuyo.
Tener el pecho más cerrado era imposible.
Y, aun así... aún así sentía que me estabas dando todo tu amor.
(Sí, en un momento fugaz, de naturaleza única, propia.)
Pero sabía que me estabas dando todo lo posible. Todo tu amor, y en serio.

No sabía cómo iba a poder sostenerte esa espalda toda la vida. Tan débil.
Y pensé en tu muerte. Con miedo, eh. En la falta que harías en mi mundo.

Me dió bronca imaginar cuanto más darías con el pecho abierto. Y otra vez, carajo... Pensé que éramos la misma cosa, tú y yo.

Me entristece que te descuides. Y es así. No sabré explicar por qué.

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